Club del Río
suena en Ferretería Gilfer

Calle Garcilaso, 46. Getafe


Año 1973, la calle Garcilaso de Getafe está en obras, hace poco que el barrio de la Alhóndiga se ha comenzado a construir. El padre de Sebas acaba de abrir el cierre de su ferretería. Hoy, casi 50 años después, sigue en pie. Sebas nos cuenta como ha cambiado todo y como se ha visto crecer entre herramientas y mil productos de bricolaje; con orgullo sigue al pie del cañón con el negocio familiar.

Ultramarino Sonoro se ha vuelto a poner detrás de un mostrador antiguo familiar y con tradición. La Ferretería Gilfer es muy querida entre los vecinos del barrio, y creo que hemos descubierto el porqué. Sebas coincide junto a su empleada en que, si las ferreterías continúan existiendo, tiene que ver con la solución a muchos problemas cotidianos que internet o grandes superficies no llegan a ofrecer de una forma tan personal. Y, es que cuando una persona entra en una ferretería lo suele hacer con una idea o con un problema que necesita asesoramiento. En ese momento, ahí están ellos, detrás del mostrador para ofrecer la mejor respuesta.

¿Quién no ha ido desesperado cuando se estropeado un enchufen o un problema en una ventana? Pero también, ¿con una idea en la mente, pero sin saber qué necesitas, ni cómo hacerlo? Qué hubiésemos hecho si no tuviéramos esas ferreterías a la vuelta de la esquina, con una sonrisa amable y una dosis de tranquilidad, para hacernos la vida más fácil como Sebas y su padre desde 1973.

Nos cuentan que ya hay clientes que son amigos, entran en sus tiendas para desahogarse pero también para celebrar. Como aquella señora que entró a por pilas para su viejo radiocasete y al probarlo se arrancó a bailar una jota en medio de la tienda.

¿Qué nos queda si no somos las personas las que ayudamos a las personas? Reflexión que terminamos compartiendo tras una bonita conversación, conociendo lo necesario que es una ferretería siempre en el barrio y cerca de tus problemas más cotidianos. Porque no hay nada que nos haga más humano que la cotidianidad entre vecinos y amigos, dejando de ser números, para convertirnos en personas.